Una investigación publicada en 2025 encontró algunas similitudes en la composición de la microbiota intestinal de niños y adolescentes con autismo, TDAH y anorexia nerviosa, un hallazgo que aumenta el interés científico por comprender mejor la compleja relación entre el intestino y el cerebro.
Los investigadores analizaron a 117 niños y adolescentes. De ellos, 30 eran niños con trastorno del espectro autista (TEA), 14 participantes tenían trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), 21 adolescentes tenían anorexia nerviosa y otros 52 participantes formaron los grupos de control.
El trabajo, publicado en la revista científica Neuroscience, encontró algunas alteraciones microbianas que aparecían en más de uno de los grupos.
Pero existe una aclaración fundamental:
Los resultados no demuestran que las bacterias intestinales provoquen autismo, TDAH o anorexia nerviosa.
El estudio encontró asociaciones que todavía deben investigarse mediante trabajos mucho más amplios.
¿Qué es la microbiota intestinal?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan principalmente en nuestro aparato digestivo.
Incluye una enorme variedad de bacterias y otros microorganismos que interactúan entre sí y con nuestro organismo.
Durante los últimos años, la ciencia ha comenzado a estudiar con especial atención cómo este ecosistema puede relacionarse con numerosos procesos, entre ellos:
- el funcionamiento del sistema inmunitario;
- el metabolismo;
- la digestión;
- determinadas hormonas;
- la producción de metabolitos;
- y algunas vías de comunicación entre el intestino y el sistema nervioso.
Esta comunicación forma parte de lo que se conoce como eje microbiota-intestino-cerebro.
Sin embargo, conocer estas conexiones no significa que pueda atribuirse una condición neurológica o psiquiátrica concreta a una bacteria determinada.
¿Qué descubrieron los investigadores?
El equipo analizó muestras fecales de los participantes para estudiar la composición de las comunidades bacterianas.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
Uno de los hallazgos fue que la relación entre dos grandes grupos bacterianos, Bacteroidetes y Firmicutes, era mayor en los grupos con autismo, TDAH y anorexia nerviosa en comparación con sus respectivos controles.
Además, la riqueza microbiana fue menor en los participantes con autismo y TDAH.
Los investigadores también encontraron una reducción de Bifidobacterium como una de las características compartidas entre los grupos estudiados.
Esto no significa que los tres diagnósticos presentaran exactamente la misma microbiota.
De hecho, cada grupo mostró también características particulares.
¿Qué encontraron en los participantes con autismo?
En los niños con autismo se observó:
- mayor abundancia de Bacteroidetes;
- menor presencia de Actinobacteriota;
- menores niveles de Ruminococcus;
- aumento de Escherichia-Shigella;
- y menor riqueza de microorganismos intestinales.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
Estos resultados son interesantes para la investigación, pero no permiten afirmar que exista una “microbiota del autismo” que pueda utilizarse para diagnosticar a una persona.
¿Qué encontraron en los participantes con TDAH?
En el grupo con TDAH los investigadores observaron:
- reducción de Firmicutes;
- mayor presencia de Desulfovibriota;
- incremento de Escherichia-Shigella;
- menor abundancia de Faecalibacterium;
- y menor riqueza microbiana.
Este fue, además, el grupo clínico más pequeño del estudio, con solamente 14 participantes, por lo que los resultados deben interpretarse con especial prudencia.
¿Y en las adolescentes con anorexia nerviosa?
En las participantes con anorexia nerviosa se encontraron:
- menores niveles de Firmicutes;
- mayor abundancia de Proteobacteria;
- incremento de Cyanobacteria;
- mayor presencia de Verrucomicrobiota y Desulfovibriota;
- y menor abundancia de Faecalibacterium.
Por tanto, el resultado más interesante no es que exista una microbiota idéntica en autismo, TDAH y anorexia.
Lo que encontró el estudio es que algunas alteraciones aparecían en más de un grupo al mismo tiempo que existían diferencias específicas para cada condición.
Bifidobacterium llamó especialmente la atención
Una de las características compartidas señaladas por los investigadores fue una disminución de Bifidobacterium.
Este género bacteriano forma parte habitualmente de la microbiota intestinal humana y participa en distintos procesos relacionados con la fermentación de determinados carbohidratos y la interacción entre microorganismos intestinales.
También despertó interés Faecalibacterium, un género asociado con la producción de determinados metabolitos, incluidos ácidos grasos de cadena corta.
En el estudio, Faecalibacterium se encontró reducido específicamente en los grupos con TDAH y anorexia nerviosa.
Sin embargo, medir una de estas bacterias no permite determinar si alguien tiene autismo, TDAH o anorexia.
El estudio también analizó hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad
La investigación no se limitó a estudiar bacterias.
Los científicos también analizaron algunas hormonas relacionadas con la regulación del apetito y la saciedad.
Los participantes con TDAH presentaron niveles más bajos de PYY o péptido YY.
En las adolescentes con anorexia nerviosa se encontraron reducciones de:
- PYY;
- leptina;
- grelina.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
Además, aparecieron asociaciones estadísticas entre determinados grupos bacterianos y algunas de estas hormonas.
Pero nuevamente debemos diferenciar asociación de causalidad.
Encontrar que dos variables cambian al mismo tiempo no demuestra que una sea responsable de la otra.
¿Qué tiene que ver el intestino con el cerebro?
El denominado eje microbiota-intestino-cerebro describe diferentes mecanismos mediante los cuales el aparato digestivo, los microorganismos intestinales y el sistema nervioso pueden comunicarse.
Entre las vías que actualmente se investigan se encuentran:
Sistema inmunitario
Los microorganismos intestinales pueden interactuar con diferentes respuestas del sistema inmunológico.
Metabolitos microbianos
Algunas bacterias producen sustancias como los ácidos grasos de cadena corta, capaces de intervenir en distintos procesos fisiológicos.
Sistema nervioso
El intestino mantiene comunicación con el sistema nervioso mediante diferentes vías, entre ellas el sistema nervioso entérico y conexiones relacionadas con el nervio vago.
Sistema endocrino
Las hormonas relacionadas con el estrés, el metabolismo, el hambre y la saciedad también forman parte de esta compleja comunicación.
Una revisión científica publicada posteriormente en Children señala que existe un interés creciente en estas interacciones durante el desarrollo infantil, aunque todavía quedan numerosas preguntas antes de poder convertir estos hallazgos en intervenciones clínicas específicas.
¿Significa esto que una alteración intestinal causa autismo?
No.
Este es uno de los puntos más importantes de todo el estudio.
Los investigadores encontraron diferencias estadísticas entre la microbiota de determinados grupos, pero el diseño de la investigación no permite saber qué ocurrió primero.
La relación podría funcionar en diferentes direcciones.
Por ejemplo, determinadas características fisiológicas podrían influir sobre la microbiota.
Pero también pueden existir factores asociados al autismo, TDAH o anorexia que modifiquen indirectamente el ecosistema intestinal.
Entre ellos se encuentran:
- la alimentación;
- determinados medicamentos;
- las dificultades gastrointestinales;
- los hábitos cotidianos;
- la edad;
- el sexo;
- y otros factores ambientales.
Los propios investigadores reconocen que todavía no puede establecerse si las diferencias encontradas son causa, consecuencia o el resultado de numerosos factores que interactúan entre sí.
El autismo tiene un origen complejo en el que intervienen múltiples factores biológicos y genéticos. Puedes conocer más en nuestro artículo sobre autismo y genética y qué sabemos actualmente sobre la herencia.
La alimentación puede desempeñar un papel importante
La dieta es uno de los factores que más puede modificar la microbiota intestinal.
Esta cuestión resulta especialmente relevante cuando se estudia el autismo.
Algunos niños autistas presentan selectividad alimentaria, sensibilidad intensa frente a determinadas texturas, sabores, olores o temperaturas, o repertorios alimentarios muy limitados.
En la anorexia nerviosa también puede existir una fuerte restricción de la ingesta, aunque sus causas y características son diferentes.
Por eso resulta difícil separar completamente los efectos asociados a una condición de aquellos relacionados con la dieta.
Los futuros estudios deberán controlar con mucha precisión estas variables.
Un dato importante: no encontraron diferencias significativas en determinados marcadores de inflamación intestinal
El equipo también analizó sustancias como calprotectina y zonulina, además de factores neurotróficos.
En esta investigación no se encontraron diferencias significativas en esos parámetros entre los grupos estudiados.
Este resultado es importante porque evita una conclusión equivocada.
El estudio no demuestra que los participantes con autismo tuvieran necesariamente inflamación intestinal por el hecho de presentar determinadas diferencias en su microbiota.
¿Una relación Bacteroidetes/Firmicutes diferente significa que existe “disbiosis”?
No necesariamente.
Aunque la relación entre Bacteroidetes y Firmicutes se utiliza frecuentemente en estudios científicos para comparar poblaciones, no debe interpretarse como una prueba sencilla que permita clasificar la microbiota de una persona como “buena” o “mala”.
Un consenso internacional sobre pruebas clínicas de microbioma incluso desaconseja utilizar de forma aislada la relación Firmicutes/Bacteroidetes en los informes de pruebas comerciales.
El mismo consenso concluye que actualmente existe evidencia insuficiente para recomendar de manera general las pruebas de microbioma en la práctica clínica rutinaria.
¿Se puede diagnosticar el autismo mediante una prueba de microbiota?
Actualmente no.
No existe una prueba de microbiota intestinal clínicamente validada que permita diagnosticar autismo o TDAH.
El diagnóstico de estas condiciones continúa realizándose mediante evaluaciones clínicas que consideran el desarrollo, comportamiento, comunicación y criterios diagnósticos establecidos.
La investigación de la microbiota puede ayudar a comprender mejor determinados procesos biológicos, pero todavía no puede utilizarse como sustituto de una evaluación especializada.
El consenso internacional sobre pruebas del microbioma también advierte que muchas pruebas comerciales disponibles directamente para consumidores tienen una utilidad clínica todavía limitada.
¿Significa esto que debemos utilizar probióticos para tratar el autismo?
Tampoco.
Los resultados de este estudio no demuestran que los probióticos, prebióticos, dietas restrictivas u otras intervenciones dirigidas a modificar la microbiota puedan tratar el autismo o el TDAH.
Existen investigaciones experimentales en esta área, pero todavía se necesitan ensayos clínicos más grandes y rigurosos antes de establecer recomendaciones terapéuticas específicas.
Especialmente cuando un niño ya presenta una alimentación limitada, eliminar alimentos sin una indicación profesional puede aumentar el riesgo de deficiencias nutricionales.
Por eso, cualquier cambio importante en la alimentación de un niño debería valorarse individualmente con profesionales cualificados.
Cuando una familia recibe recientemente un diagnóstico, puede ser difícil distinguir entre información respaldada por evidencia y tratamientos que prometen demasiado. En nuestra guía sobre qué hacer después de un diagnóstico de autismo explicamos cómo organizar los apoyos y los siguientes pasos.
¿Cuáles son las principales limitaciones del estudio?
La principal es el número de participantes.
Aunque participaron 117 niños y adolescentes en total, solamente 65 pertenecían a los grupos clínicos.
Estos estaban divididos en:
- 30 niños con autismo;
- 14 participantes con TDAH;
- 21 adolescentes con anorexia nerviosa.
El grupo con TDAH fue especialmente pequeño.
Por eso, los resultados deberán repetirse en investigaciones con:
- cientos o miles de participantes;
- poblaciones de diferentes países;
- seguimiento durante varios años;
- mejor control de la alimentación;
- información detallada sobre medicamentos;
- síntomas gastrointestinales;
- edad;
- sexo;
- y otros factores capaces de modificar la microbiota.
Un hallazgo interesante, pero todavía lejos de ser una respuesta definitiva
La investigación aporta una nueva pieza a un campo científico que está avanzando rápidamente.
Encontrar determinadas similitudes en la microbiota de personas con autismo, TDAH y anorexia nerviosa resulta llamativo porque se trata de condiciones muy diferentes.
Pero el descubrimiento no demuestra que compartan una única causa biológica.
Tampoco demuestra que modificar las bacterias intestinales pueda prevenirlas, curarlas o eliminarlas.
Lo que sí plantea nuevas preguntas.
¿Existen determinados procesos metabólicos o intestinales que interactúan con diferentes características del neurodesarrollo?
¿Hasta qué punto la dieta modifica las diferencias observadas?
¿Algunas alteraciones de la microbiota son consecuencia de la condición y no su causa?
¿Podrían existir subgrupos de pacientes con características gastrointestinales diferentes?
Responder estas preguntas requerirá muchos más estudios.
Lo que sabemos por ahora
La ciencia tiene cada vez más evidencia de que el intestino y el cerebro mantienen una comunicación compleja y bidireccional.
Sin embargo, comprender esa relación requiere evitar explicaciones demasiado simples.
El autismo no puede reducirse a una bacteria, una dieta o una supuesta alteración intestinal.
El estudio publicado en 2025 representa una investigación interesante que merece ser seguida, pero no cambia por ahora la forma en que se diagnostica el autismo ni establece nuevos tratamientos.
Su principal aportación es abrir nuevas preguntas sobre la relación entre microbiota, alimentación, metabolismo, salud gastrointestinal y neurodesarrollo.
Y precisamente esas preguntas serán las que deberán responder las próximas investigaciones.
Fuentes consultadas
Soltysova M, Tomova A, Paulinyova M, Lakatosova S, Trebaticka J, Ostatnikova D. Gut microbiota in children and adolescents with autism, ADHD and anorexia nervosa, and its link to the levels of satiety hormones. Neuroscience. 2025;585:394–407. DOI: 10.1016/j.neuroscience.2025.08.020.
Marano G. et al. The Pediatric Microbiota–Gut–Brain Axis: Implications for Neuropsychiatric Development and Intervention. Children. 2025;12(11):1561.
Porcari S. et al. International consensus statement on microbiome testing in clinical practice. The Lancet Gastroenterology & Hepatology. 2025;10(2):154–167.
Nota
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la evaluación, diagnóstico o tratamiento realizado por profesionales de la salud.