¿El autismo nivel 1 podría dejar de formar parte del espectro? Qué dice realmente el debate científico

La manera en que entendemos y diagnosticamos el autismo podría seguir evolucionando en los próximos años.

Un reciente debate científico ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta compleja: ¿es el actual Trastorno del Espectro Autista una categoría demasiado amplia para describir realidades muy diferentes entre sí?

La discusión cobró fuerza después de que la reconocida psicóloga e investigadora británica Uta Frith, una de las figuras más influyentes en la investigación moderna sobre autismo, publicara el 4 de agosto de 2026 un editorial en la revista científica Psychological Medicine cuestionando si el concepto actual de “espectro autista” se ha ampliado demasiado y si esto puede estar dificultando la precisión del diagnóstico.

Sin embargo, hay una aclaración fundamental:

actualmente no existe una decisión oficial para eliminar el autismo nivel 1 del Trastorno del Espectro Autista.

Los sistemas diagnósticos vigentes continúan reconociendo el autismo como un espectro en el que las características y necesidades de apoyo pueden variar considerablemente entre personas.

¿Por qué se está cuestionando el concepto de “espectro”?

Una de las principales dificultades del diagnóstico actual es precisamente su enorme heterogeneidad.

Dentro del mismo diagnóstico pueden encontrarse personas con comunicación verbal fluida, mayor autonomía y menores necesidades visibles de apoyo, junto con personas no hablantes, con discapacidad intelectual asociada o que necesitan asistencia durante gran parte de las actividades de su vida.

La Organización Mundial de la Salud describe el autismo como un grupo diverso de condiciones relacionadas con el desarrollo del cerebro y reconoce que las capacidades y necesidades de las personas autistas pueden variar ampliamente.

Algunas personas pueden vivir de manera independiente, mientras que otras pueden necesitar apoyo significativo durante toda su vida.

La ciencia también está encontrando diferencias dentro del autismo

La heterogeneidad del autismo no se limita únicamente a las características que pueden observarse externamente.

Investigaciones recientes están intentando identificar diferentes perfiles clínicos, genéticos y del desarrollo dentro del diagnóstico actual.

Un estudio publicado en Nature Genetics en 2025, por ejemplo, identificó distintos grupos clínicos dentro del autismo y encontró diferencias en los patrones genéticos y moleculares asociados a esos grupos.

Estos resultados apoyan la idea de que bajo una misma categoría diagnóstica pueden existir trayectorias y mecanismos biológicos diferentes.

Sin embargo, estos hallazgos siguen formando parte de la investigación y todavía no representan nuevas categorías diagnósticas utilizadas en la práctica clínica.

¿Qué plantea realmente Uta Frith?

En su artículo de 2026, Uta Frith sostiene que el diagnóstico actual de Trastorno del Espectro Autista engloba perfiles extremadamente diferentes.

La investigadora plantea que esta gran amplitud podría dificultar tanto la investigación científica como la identificación de las necesidades específicas de determinados grupos.

Uno de los aspectos que analiza es la diferencia entre personas diagnosticadas tempranamente durante la infancia y aquellas que reciben el diagnóstico durante la adolescencia o la edad adulta.

Frith sostiene que los datos recientes justifican investigar con mayor profundidad si existen subgrupos suficientemente diferenciados como para requerir descripciones o categorías más precisas.

El momento del diagnóstico también está siendo investigado

Un importante estudio publicado en Nature en 2025 analizó las diferencias entre personas diagnosticadas con autismo en distintas etapas de la vida.

Los investigadores encontraron que la edad del diagnóstico puede estar relacionada tanto con características del desarrollo como con diferencias en determinados perfiles genéticos.

El estudio identificó dos componentes genéticos parcialmente diferenciados asociados con distintas trayectorias de diagnóstico.

Esto no significa que una persona diagnosticada más tarde “no sea realmente autista”.

Lo que indica es que la investigación está encontrando una diversidad mayor de la que puede describirse simplemente colocando a todas las personas bajo una única categoría amplia.

¿Significa esto que el autismo nivel 1 desaparecerá?

No. Al menos, no existe actualmente ninguna decisión de ese tipo.

Es importante diferenciar entre una propuesta científica y un cambio oficial de los sistemas diagnósticos.

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría continúa utilizando el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista y sus herramientas clínicas permiten describir diferentes necesidades de apoyo.

El nivel 1 se utiliza para identificar situaciones en las que una persona presenta características del espectro y necesita apoyo, aunque sus necesidades puedan ser menores que las de personas clasificadas en otros niveles.

La Organización Mundial de la Salud también continúa incluyendo el autismo dentro de la ICD-11, su clasificación internacional de enfermedades y condiciones de salud.

Por tanto, no existe actualmente una nueva clasificación oficial que haya eliminado el autismo nivel 1 del espectro.

Entonces, ¿de dónde sale la idea de separar algunos perfiles?

El debate nace de una pregunta científica:

¿es útil utilizar una única categoría diagnóstica para personas cuyas características, trayectorias de desarrollo y necesidades pueden ser extremadamente diferentes?

Algunos investigadores creen que identificar subgrupos podría ayudar a comprender mejor las causas biológicas, mejorar las investigaciones y desarrollar apoyos más específicos.

Otros advierten que fragmentar demasiado el diagnóstico también podría generar problemas, especialmente si algunas personas pierden acceso a servicios o apoyos debido a una nueva etiqueta.

Por eso, cualquier modificación futura tendría consecuencias no solamente científicas, sino también clínicas, educativas y sociales.

Tener autismo nivel 1 no significa no necesitar apoyo

Un punto especialmente importante dentro de esta discusión es evitar interpretar “nivel 1” como “autismo leve” o como ausencia de dificultades.

Una persona con mayor autonomía puede seguir enfrentando desafíos importantes relacionados con:

  • comunicación e interacción social;
  • regulación emocional;
  • procesamiento sensorial;
  • cambios inesperados;
  • agotamiento asociado a las demandas sociales;
  • organización y funcionamiento cotidiano.

Además, las necesidades de apoyo pueden cambiar dependiendo del entorno y de las diferentes etapas de la vida.

Por ello, una clasificación diagnóstica nunca debería sustituir una evaluación individual de las necesidades reales de cada persona.

También es importante visibilizar a quienes necesitan apoyo intensivo

La discusión funciona también en la dirección contraria.

Las necesidades de personas autistas con discapacidad intelectual asociada, grandes dificultades de comunicación o dependencia significativa pueden quedar invisibilizadas si se habla del espectro como si todas las experiencias fueran similares.

La enorme diversidad del autismo hace necesario reconocer tanto a quienes necesitan apoyos menos visibles como a quienes requieren asistencia intensiva durante toda su vida.

Una clasificación más precisa podría ser útil si permite representar mejor esas diferencias sin convertirlas en una competencia sobre quién es “más” o “menos” autista.

¿Podrían existir nuevas categorías de autismo en el futuro?

Es posible que la investigación conduzca a clasificaciones más detalladas.

De hecho, encontrar subtipos o perfiles dentro del autismo es actualmente una importante línea de investigación.

En 2025 y 2026 se publicaron estudios que identificaron diferencias clínicas, genéticas e incluso patrones de conectividad cerebral entre distintos grupos de personas autistas.

Pero estos descubrimientos todavía pertenecen al ámbito de la investigación científica.

Transformarlos en nuevas categorías diagnósticas requeriría mucha más evidencia, consenso entre especialistas y posteriormente cambios formales en sistemas como el DSM o la ICD.

Las clasificaciones del autismo ya han cambiado antes

La manera de diagnosticar el autismo no ha sido siempre la misma.

Durante muchos años existieron categorías diagnósticas separadas.

El síndrome de Asperger, por ejemplo, aparecía como un diagnóstico independiente en el DSM-IV.

Cuando se publicó el DSM-5 en 2013, diferentes diagnósticos previamente separados fueron integrados dentro de una categoría común: Trastorno del Espectro Autista.

Esto demuestra que las clasificaciones pueden cambiar a medida que avanza el conocimiento científico.

Si cambia el diagnóstico, las necesidades no desaparecen

Esta es probablemente una de las cuestiones más importantes de todo el debate.

Una modificación futura en los nombres o categorías diagnósticas no cambiaría automáticamente las características o necesidades de una persona.

Alguien que necesita apoyo para desenvolverse socialmente, manejar determinados estímulos sensoriales o afrontar situaciones cotidianas continuará necesitando ese apoyo independientemente del nombre utilizado para describir su condición.

Por eso, cualquier cambio futuro debería tener un objetivo principal:

comprender mejor a las personas y ofrecer apoyos más adecuados, no simplemente cambiar una etiqueta por otra.

Por ahora, el autismo nivel 1 sigue formando parte del espectro

A día de hoy, no existe una decisión oficial para retirar el autismo nivel 1 del Trastorno del Espectro Autista.

Lo que existe es un debate científico sobre si la categoría actual es demasiado amplia y si en el futuro podrían identificarse subgrupos más precisos.

La investigación seguirá avanzando y las clasificaciones podrían evolucionar.

Pero cualquier cambio necesitará evidencia sólida, consenso científico y una evaluación cuidadosa de sus consecuencias para las propias personas autistas y sus familias.

La diversidad dentro del autismo es real.

También lo son las necesidades de apoyo de cada persona.

Y cualquier clasificación futura debería ser capaz de reconocer ambas cosas sin dejar a nadie fuera de la comprensión, la atención y el apoyo que necesita.

Fuentes consultadas

  • Uta Frith. Autism spectrum disorder: has it lost its meaning and is it leading to misdiagnosis? Psychological Medicine, Cambridge University Press, 2026.
  • Organización Mundial de la Salud. Información oficial sobre autismo e ICD-11.
  • American Psychiatric Association. Información sobre Trastorno del Espectro Autista y necesidades de apoyo.
  • Zhang X. y colaboradores. Investigación sobre perfiles poligénicos, desarrollo y edad del diagnóstico del autismo. Nature, 2025.
  • Litman A. y colaboradores. Investigación sobre heterogeneidad fenotípica y genética dentro del autismo. Nature Genetics, 2025.

Nota: Este artículo tiene fines informativos y educativos. Las clasificaciones diagnósticas y las necesidades de apoyo deben ser evaluadas por profesionales cualificados.